Carta a la Patria

Querida Patria,

Me viste crecer, me viste estudiar y ahora me ves trabajar. Cuando era niña adoraba estudiar, me encantaba leer y aprender cada día algo nuevo… tenía hambre de conocimiento. Crecí en una familia humilde pero llena de atenciones ya que jamás me faltaron útiles escolares o el dinero para la merienda. Fui afortunada, estudié en colegios públicos y tuve la suerte de interactuar con niños de varios estratos sociales. Gracias a eso soy una persona sensible y de pensamiento abierto.

A medida que crecía, me convencía de que la educación era la llave para la solución de todos mis problemas, e ingenuamente solía imaginarme que a los 25 años ya tendría vivienda propia, un carro y un trabajo lucrativo, porque para eso me quemaba las pestañas leyendo a diario y lidiando con mis tareas de matemática y física que solían ser un dolor de cabeza… pero valía la pena, porque yo me imaginaba que todo eso tendría una recompensa.

Hoy, tengo 28 años y todavía vivo con mis padres. La mayoría de mis amigos se han ido del país y los que siguen aquí TAMBIEN viven con sus padres o peor aún, arrimados en casa de la suegra… o en el mejor de los casos, en una habitación. El trabajo profesional es despreciado en Venezuela, un vendedor de perros calientes o un taxista hacen en un par de días lo mismo que gana al mes un asistente administrativo. El venezolano está animalizado; todo lo que hacemos es en función de “cazar” la comida y de correr a la “guarida” antes de que anochezca. El ruido de una moto en la noche es el aullido de un lobo: aterrador.

Ni hablar de las colas, la escasez, los precios ridiculamente caros de una manzana o un coleto. Una manzana sale en aproximadamente Bs. 60 y no tienes la suerte de conseguirla todo el tiempo, mientras que un Coleto (léase bien SOLO LA MOPA) lo he llegado a ver hasta en Bs. 400. Si tienes la fortuna de que te sobre el dinero para gastar Bs. 400 en un coleto (en lugar de usar franelas viejas para trapear) el reto ahora es conseguir un pote de desinfectante. Así de caóticos estamos, querida Patria.

Pero a pesar de eso, yo me he quedado aquí contigo, por ese amor que siempre sentí por ti, por esos recitales músicales en los que participé cantando música llanera y joropo, por esas empanadas que acompañaban mis desayunos, por el clima amable de tus cielos y porque mi corazón rojo me lo pedía, porque el corazon de todos los seres humanos es rojo, más no chavista.

Hoy quiero decirte Patria querida, que me siento decepcionada, has cambiado para mal y no tengo ni idea de qué hacer para rescatarte… Me gustaría llamarte Venezuela en vez de Patria, las cosas hay que llamarlas por su nombre. ¿Algún día podré volver a llamarte Venezuela en vez de Patria? Sé que es una tontería enfrascarse en conceptos, pero creo que sería un buen comienzo, ya que Venezuela es algo que tenemos en común todos los venezolanos, independientemente de su ideología. Así que espero que pronto podramos llamarte Venezuela otra vez, queria Patria.

Entonces, hoy tenemos Patria… espero que mañana haya Venezuela.

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